La agarosa sirve como agente gelificante y se utiliza ampliamente en la investigación en biología molecular para separar y analizar los ácidos nucleicos mediante electroforesis o transferencia (Northern o Southern). Durante la gelificación, los polímeros de agarosa se combinan de manera no covalente, produciendo una red de haces cuyos tamaños de poro deciden las propiedades de tamizado molecular de un gel. El tipo y la concentración de agarosa influyen en la tasa de migración de una molécula de ADN a través de un gel.
[1] Sin embargo, la agarosa también tiene características atractivas que provocan un fuerte interés en su uso en aplicaciones biológicas. Se sabe que imita la matriz extracelular, lo que la convierte en un excelente biomaterial para aplicaciones de ingeniería de tejidos. Debido a su gran capacidad de captación de agua la agarosa es adecuada para la encapsulación celular. La agarosa permite la permeación regulada del oxígeno y los nutrientes y es útil en el crecimiento, la diferenciación y la proliferación celulares. La agarosa se utiliza en la administración controlada o localizada de medicamentos y en la medicina regenerativa, como neurogénesis, angiogénesis, espermatogénesis, formación de cartílago, regeneración ósea, cicatrización de heridas y páncreas artificiales.